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En este artículo hablaremos de los tratamientos farmacológicos más asentados para hombres con alopecia común: finasteride y minoxidil. Ambos son prescritos habitualmente de forma combinada desde hace décadas y, a falta de nuevos tratamientos que presenten mejores resultados, son los fármacos más indicados para frenar el avance de la alopecia.

El finasteride es un fármaco antiandrógeno cuyo uso en tratamientos clínicos empieza a principios de los años noventa del siglo pasado. Su efectividad contra la alopecia radica en en bloquear parte de la testosterona que llega al folículo piloso, principal causante de la miniaturización del cabello. La forma más habitual de administración es por vía oral.

Por su parte, el minoxidil es un tratamiento tópico cuyo origen data de los años 50, cuando inicialmente se investigaba para el tratamiento de la hipertensión arterial. Finalmente se descubrió como un potente vasodilatador que facilita el crecimiento del cabello. Es igualmente efectivo en mujeres y recientemente se ha descubierto su eficacia por vía oral, además del uso ya conocido como loción o espuma.

El minoxidil y el finasteride presentan mayores tasas de eficacia en las primeras fases de caída del cabello. Y es que ambos principios activos necesitan de folículos pilosos viables, ya que en una zona totalmente calva, los folículos han desaparecido y cicatrizado completamente, por lo que no hay estimulación que los haga reaparecer. En estas zonas ya cicatrizadas, sólo el trasplante conseguirá que vuelva a haber pelo.

Hay que tener en cuenta que ambos precisan de una periodicidad diaria para alcanzar los mejores resultados. Y cuando se detiene el tratamiento tanto con minoxidil como con finasteride, es habitual que se produzca efluvio telógeno o el también conocido como efecto ‘shedding’, consistente en una caída acusada del cabello durante un periodo de tiempo que puede durar hasta tres meses. Habitualmente, el cabello que ha caído durante este proceso de shedding, vuelve a salir pasado este período de tiempo.

En resumen, el beneficio principal que aportan ambos fármacos en la lucha contra la alopecia es ralentizar la miniaturización del cabello y estimular el crecimiento del mismo. Aunque su efectividad es puede llegar a ser notoria en algunos casos, presentan ciertas contraindicaciones que hay que tomar en consideración y en ningún caso deben administrarse sin la autorización de un profesional.