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El pelo o folículo piloso es una vaina filamentosa constituida por queratina, una proteína insoluble al agua cuyo aminoácido más relevante es la cistina.

En definitiva el pelo es uno de los anejos de la piel igual que lo son las glándulas sudoríparas, las sebáceas y las uñas.

La función fundamental del pelo es conservar la temperatura del cuerpo, proteger de la radiación ultravioleta y, cómo no, su función estética y social.

Es obvio que a lo largo de la vida las personas tenemos pelo de diferente textura y color, desde el vello claro de los bebes al pelo fuerte de los adultos que más tarde pasará a ser pelo más frágil y fino consecuencia de la edad.

Veamos pues los tres tipos fundamentales de pelo:

  1. El vello fetal o lanugo: es el que tienen los fetos. Se caracteriza por ser una fibra fina, larga y sin pigmento que normalmente desaparece durante el octavo mes de gestación aunque a veces puede durar incluso durante el primer mes de vida.
  2. El pelo velloso o secundario: es aquel que tiene el segmento inferior en la parte superficial de la dermis. Es un pelo corto, fino y prácticamente sin pigmento por lo que es casi invisible. Es aquel propio de un recién nacido y que en el adulto está en las mejillas o la cara interna de los antebrazos.
  3. El pelo terciario o terminal: es el que tiene el segmento inferior profundamente en la dermis reticular o incluso en la hipodermis. Este si está pigmentado, es fuerte y largo. Lo encontramos en la cabeza, las cejas, las pestañas, la barba, el bigote, las axilas y el pubis. Existe otro tipo de pelo que llamaríamos intermedio que es más fino que el terminal y con menos pigmento, y es el que está en las extremidades de hombres y mujeres, en el tórax y el abdomen de los hombres.