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Diagnosticar la calvicie es más fácil en hombres que en mujeres. En el caso de los hombres tan solo es necesario estudiar la existencia de antecedentes familiares y hacer una exploración clásica del cabello para saber con bastante exactitud si va a sufrir de calvicie.

Cuando nos referimos a las mujeres el diagnostico es más complicado ya que la pérdida de cabello se manifiesta de diferentes maneras que a nivel clínico son menos evidentes, lo cual puede confundir. Así pues en el caso de las féminas es básico hacer una detallada historia de la enfermedad en la que se incluyan los antecedentes familiares y hacer una exhaustiva exploración y valoración del cuadro clínico.

En el 40% de los casos de mujeres que sufren pérdida de cabello existe también hiperandrogenismo (una patología endocrina que implica la producción y/o acción androgénica excesiva) que conlleva otros hechos como seborrea intensa, infertilidad o alteraciones en la menstruación.

Por todo ello se debe hacer un estudio complementario muy estricto que incluya el recuento celular, los lípidos, la ferritina, los leucocitos, las prolactina, la testosterona, la glucemia, las transaminasas y el DHEAS. Realizadas estas pruebas puede saberse a qué se debe esa caída de cabello y qué remedios se pueden aplicar en cada caso.

Existen además test genéticos que determinan con bastante aproximación el riesgo de padecer alopecia androgenética según el receptor de andrógenos: en el caso del hombre la variante de alto riesgo (G) indica un 70% de posibilidades de quedarse calvo. En la mujer la repetición del triplete CAG (citosina, adenina y guanina) se asocia a un aumento de la sensibilidad de los andrógenos y consecuentemente a un riesgo de alopecia androgenética.

De todas formas, el injerto capital es tan posible en mujeres como en hombres.